martes, 17 de noviembre de 2015

Carnaval Orgánico

El carnaval es una celebración milenaria y universal, pero ante todo es una fiesta. Las festividades son lo que hacen sacudir por un momento el calendario, lo cortan de forma lúdica, nos permiten romper la rutina y el quehacer diario. Ahora estamos en noviembre festejando e inaugurando la muestra del taller de arte orgánico / laboratorio vivo.
A principios de este año se abrió la sala taller, en el fondo de la María Luisa. Un lugar que anteriormente mostró obra, se vistió para trabajar y ser el nido de reunión de los integrantes de este taller de arte que tuvo como hilo conductor una huerta pequeña, experimental y querida.
Cada jueves los niños atravesaban el Museo de Bellas Artes para llegar al lugar de encuentro. En ese trayecto se cruzaban con dos acontecimientos: o muestra o período de montaje. A lo largo de cada muestra de este año pudieron ver, comentar, charlar con los artistas o realizar actividades emparentadas con los lenguajes de cada exhibición. Los montajes hacían que el camino hasta la sala taller fuera oscuro, íntimo y de labor silenciosa: decisiones de diseño, cambio de lamparitas, uso del nivel, clavo, martillo y escalera.
Al final de ambos caminos estábamos los “huerteros”.
Pusimos en práctica actividades que vinculaban el arte con la naturaleza y viceversa, tuvimos artistas invitados que nos mostraron cosas maravillosas y nos convidaron con sus inventos. Cosechamos unos tempranos rabanitos  y un insistente perejil. Hicimos amigos nuevos y nos divertimos, al fin y al cabo ese era el objetivo.
La sala taller se fue modificando, acumuló trabajos, dibujos, maquetas, pinceles olvidados adentro de alguna témpera. Pero ante todo, ahora, a fin de año, está en un momento carnavalesco.
El carnaval ha tenido a lo largo de la historia diferentes simbolismos y apropiaciones según cada  cultura. Contiene sin embargo algunas precisiones que se han potenciado a lo largo del tiempo. Podemos señalar el aspecto lúdico como eso que caracterizará siempre a esta fiesta. Además hay algo que nos interesa, la inversión de roles sociales, culturales, la mascarada, lo cíclico.
En la antigua Roma, las Saturnales hacían que la gente que celebraba se sumiera en un juego teatral en el que se invertían los roles sociales: el amo se disfrazaba de esclavo y este como Señor, lo prohibido era lo permitido.
¿Qué nos hace a los integrantes del Taller, estar dentro de este juego ritual de inversión? Quizás no tenga que ver con los talleristas, sino con la sala.
De marzo a noviembre el Laboratorio Vivo estuvo rodeado de muestra de obra o de labor de montaje. De unas semanas a esta parte, los Museos de Arte, se encuentran en época de doble cosecha. Por un lado los frutos que nos está dando nuestra huerta luego de tanta espera. Por otro, un proyecto de residencia de artistas en que cada uno ha montado su taller y sus herramientas en las salas de exposición. Mientras la María Luisa se encuentra en plenitud de conversaciones, recorridos de escuelas con mucho debate e intercambio con y entre artistas; al final de la casona y por primera vez en este ciclo, el taller se ha vuelto el único lugar de muestra de producciones. Un sitio de exposición rodeado por los otros espacios, que albergan el bullicio y el movimiento. En esa subversión de la modalidad de trabajo / muestra, montamos el disfrute de un año largo y hermoso. Cosechamos y nos rodeamos de artistas cosecheros.
Serpentina, ojos de rábano y papelito.

Los esperamos a todos este jueves ¡y hasta el almácigo que viene!