martes, 6 de diciembre de 2016

Sobre Casa intermitente II, por Jorge Moyano

Casa intermitente II
de Marcos Calvari y Florencia Silva
Todo es entusiasmo de concepción en las palabras de los marplatenses. La obra es tan clara en la mente de los sujetos que uno quiere que comience ya mismo la convocatoria.
Las acciones de Casa Intermitente empiezan a gestarse sobre un aserradero condenado a la muerte arquitectónica y civil en una ciudad frente al mar. La condena no se cuestiona, se acepta la soga puesta al cuello, pero se resignifican los tiempos, y el cuerpo agónico del edificio permite la entrada de nuevos términos para lo que quede de vida en el espacio. Las mismas pretensiones de reorganización del tiempo y de los plazos operan sobre la convocatoria que Casa Intermitente ofrece al interior de la Bienal. Se convoca a diferentes artistas a que formen parte de una selección, aunque no hayan sido seleccionados por el jurado de premiación. Es decir, se rompen las reglas y se ofrecen otras desde la legalidad misma del concurso, y en ese gesto se convida a otros de los frutos del saqueo, se agranda la entrada de la casa museo y se lleva a nuevos niveles de participación a la Bienal misma…


Resulta sencillo verse envuelto en un cronograma de actividades que parece crecer y crecer. Desde el comienzo de la propuesta las acciones invitan a ser parte de tareas y los gestos que parecen estar al alcance de la mano de cualquiera, tan al alcance de las manos que inquietan. Las posibilidades del proyecto son las de una ventana, que se abre en medio de una habitación sitiada por la imposibilidad. En algunos casos lo imposible, lo que impide, es la falta de elementos, de posibilidades de concreción, la falta de tiempo. Lo imposible es la intemperie que existe en determinados momentos en los que uno cree que no se puede hacer nada, como cuando pesa sobre un sitio una promesa de demolición, de remate, y el camión de mudanza espera en la puerta. El proyecto se ubica en ese sitio de desprotección que ofrece la falta de espacio, se para con tranquilidad en el páramo de un campo que no tiene nada, sabiendo que en algún rincón aguardan las acciones que pueden dar una nueva materialidad a las cosas…


Si bien la falta, la ausencia de velos, suelen generar angustia, en el caso de este proyecto se opera desde ese reconocimiento de fisura y se convoca al resto de los participantes a la conformación de un proyecto colectivo para la tensión de los límites, para el otorgamiento de sentido a un espacio al borde de lo institucional. La proyección de las acciones de estos artistas se basa en la creencia de que las posibilidades y significaciones son más densas y sólidas cuando son construidas por una mayor variedad de sujetos, otorgándole otro consenso y otra visibilidad. La angustia que produce la falta de un lugar, la realidad de no tener una sala propia, no es reprimida, se asume con cruda desnudez, pero se comparte con otros desde la intermitencia de obras y artistas circulando por el espacio creado.



La materialidad de ese lugar que conecta a ambos museos desde su patio, desde su espacio sin edificar, deja en claro que los lugares son concebidos antes por sus funcionalidades que por sus materialidades. La sala es montada sobre perfilería delgada y nylon traslúcido, casi una membrana que permite todo tipo de vinculación con el afuera, apenas asegurando cierta impermeabilidad para las obras….


Jorge Moyano
Tutor BRA 2016