viernes, 18 de noviembre de 2016

Jorge Moyano sobre "Princesa Forever" de Jazmín Giordano


En un proyecto que no puede desagradar, hay una sumatoria de movimientos y sucesiones de clichés que nos acomodan en el éxito estético más preciso. Todo este discurso fue concebido,  para cristalizar directamente el buen gusto de toda una generación. Hay esfuerzos como éstos, intentos por encontrar en un sentido casi de venta, los elementos propios del buen gusto, que se convierten en un estudio contemporáneo sobre el sujeto moderno.

Mientras se intenta buscar una línea sucesoria al presente trabajo, mientras recorro el historial de videos, mis hijas van agolpándose en la pantalla, junto a mí, fascinadas por tanto color y personaje inocente. Han sido captadas por la mágica herramienta del lenguaje principesco, y allí la ferocidad es tierna y la ingenuidad un poder inquebrantable.
Si el proyecto asume un cierto lugar crítico, si pretende una mirada de género en la obra, lo hace con una sutileza inquietante, como rodeando a la cuestión con la estrategia de la parodia. Si hay una reivindicación posible entre líneas, no se recurre a ella desenmascarando los trucos de magia, sino disfrutando plenamente del embrujo teatral. Pero la ironía asume su total solidez en el momento en que la propia creadora encarna sus propios paisajes, hechos a mano, con rico detalle de revista de decoración. Para jugar a un juego crítico hace falta jugar, poner el cuerpo, sentir desde dentro que uno puede convertirse en el color de su paleta, y verse amenazado por su propio bestiario de fieras y brillantina




Las criaturas por fuera de los monitores entran y salen de ellos, sin que sepamos realmente donde fueron concebidos, pleno efecto analógico, de ficción superadora de la realidad. La repetición de tomas, fabricadas con sencillas herramientas de edición nos dejan este universo aún más al alcance, porque cualquiera puede ser épico, cualquiera puede crear su propio mundo.




¡El universo de las amas de casa es tan rico! ¡La felicidad puede ser tan cierta que da temor! Los voladores ayudantes de Blancanieves han sido felizmente actualizados. Las tareas domésticas siempre fueron terreno de la magia. Basta con ver volar los recipientes de lavandinas y detergentes alados, en veloz prontitud socorriendo a las mujeres en sus diarios dilemas. Toda una generación puede descansar segura, siempre habrá princesas velando por la belleza de nuestros hogares.


Jorge Moyano
Bienal Regional de Arte / 2016

Jorge Moyano sobre "Fonema" de Javier Ortiz

Fonema

Todos los significados que nos resultan importantes caben en una valija. Tomar un cúmulo de elementos y armar un significado con ellos, para una determinada travesía desde un espacio de cuero, puede llamarse viajar. Un elemento confeccionado para juntar prendas de vestir que son acarreadas con uno, a otras latitudes, o una serie de segmentos sonoros que componen el lenguaje, que reviste de palabras al sujeto confiriéndole su verdadero sentido.



Hay algo de un itinerario personal que va quedando el descubierto en el planteo del proyecto. El movimiento de voces en los parlantes, la alternancia de impulsos viajando por el cobre de los cables, nos introducen levemente en una dimensión rítmica. Hay tiempos para cada cosa, un tiempo para la nieve del sur, un tiempo para tomar distancia de la ciudad natal, un tiempo para la familia, un tiempo para retornar al origen.
El fonema como núcleo, como puño, como daga cortando el aire y condensando dentro suyo un alto contenido poético y estético sin remitir precisamente a ninguna imagen. La antesala de la idea, la materia del lenguaje.





Sentir una voz vibrar en todos los sonidos del mundo, o escuchar a alguien entre el ruido, como modos de viajar sin moverse. Reivindicar la naturaleza de los rincones del mundo, del espacio, a partir de la palabra humana. Reconocer la existencia de la vasta distribución global, a partir de la expresión del hombre. Solo existe aquello que habla, y sin hombre que eleve sonido no hay lugar posible.
Recoger en un proyecto contemporáneo, con mecanismos digitales de cosecha, la fructífera y variada presencia de sujetos sonoros y repetirlos, sin descanso, uno tras otro, como elogio posible de un mundo siempre indómito y propio, sometido a la especie.      

Jorge Moyano


Biena Regional de Arte/ 2016

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Volúmenes del deseo. Sobre "Las condiciones de la materia (o los cuerpos posibles)" de Ramiro Ravasi


Por Jorge Moyano

“Lo dejaría todo por esta soledad”
Sor Juana Inés de la Cruz, Charly García, Luis Alberto Espineta

El proyecto es una continuidad de experimentos y ejercicios iniciados en un tiempo sin memoria, agitándose en el dilema de poder materializar el deseo en la fragilidad de la materia, en un trabajo repleto de desvelos, números y café, mucho café.
De alguna manera el ejercicio con la materia y sus posibilidades busca hacer frente a algo inicialmente imposible, corporizar en elementos ajenos al cuerpo humano, la angustia y el placer, no ya como representaciones o alusiones más o menos próximas, sino como entes portadores de dicha carga en sí mismos. Lo bueno, de alguna manera, es que en experimentos anteriores, que han funcionado como pequeños laboratorios asociados a la presente muestra, se han producido ciertos hallazgos o tropiezos que han dado muerte al tiempo, clavándolo en una pared de galería contemporánea. Ya no corren los minutos, sino otras numeraciones más filosas, que cubren cantidades de hojas en el suelo del taller, en los bolsillos de un abrigo gastado, o en la propia mente. Allí se desata la lucha más real, en la subjetividad deseante que se encuentra una y otra vez con el gran hueco infranqueable del deseo devorador.





El papel aparece como signo o cuerpo portador de las evidencias de la muerte del tiempo. En sus diversas etapas, el proyecto intenta dar cuenta de una especie de disección forense de los minutos y los segundos, en la misma materia, en una especie de historiografía íntima del tramado de las fibras y sus posibilidades, cristalizadas en el papel. Hay una intuición movilizando al proyecto, respecto de la búsqueda de la materia, que hace suponer que todo lo intangible, si alguna vez lograra tener cuerpo, sería de celulosa. Allí mismo habita la paradoja de buscar representar lo perdurable con las fibras tan frágiles y orgánicas de un elemento tan común como noble, en el mundo del arte. Así como la expresión Eucarística Cristiana se vale del pan como gesto y símbolo de representación de todo lo humano, para advenimiento de lo divino, el papel aparece como materia que contiene dentro suyo, la habitualidad y la simpleza de toda una historia de materialidad artística.
El secreto está en la punta de la lengua, es un apalabra, una forma que podría evidenciar todas las cosas, y pide salir a gritos. Es insoportable la existencia de una certeza tal, que permita condensar todas las dimensiones, y su existencia es, a su vez, infinitamente placentera. El placer de encontrar lo cierto y la soledad que genera la búsqueda del modo de comunicarlo, se revuelven en el cuerpo del artista, lo pliegan, lo retuercen en el lecho, lo desvelan, lo prenden fuego.
Hay un mar de medidas perfectas, de números áureos que podrían dar mejor y más sublime vida a la búsqueda que plantea el proyecto. Siempre habrá correcciones por hacer, ajustes, existen mejores elecciones para dar cuerpo a lo divino, pero en la lucha ordinaria por tal perfección la realidad se impone y esa podría ser la muestra más clara de la materialidad del deseo.   








Bienal Regional de Arte / 2016

jueves, 10 de noviembre de 2016

Al aire libre convocatoria

























A L    A I R E  L I B R E
CONVOCATORIA


¿Te interesa trabajar en un espacio de 4 x 4 x 4 m. para montar un proyecto de artes visuales en gran formato? ¿Al aire libre en un lugar donde transitan miles de personas? ¿Durante dos días y una noche?

Sumate a esta convocatoria organizada por la Universidad Nacional del Sur y los Museos de Arte: MBA-MAC.
¿Dónde? 

Playón UNS, Av. Alem 1253.

¿Cuándo? 
Sábado 17 y domingo 18 de diciembre de 2016

Montaje de las obras: 
desde el viernes 16 a las 17 hs.

Espacio a ocupar:
4 x 4 x 4 metros. Ese espacio es tuyo, vos decidís cómo distribuirlo; si necesitás un soporte especial podemos ayudarte. Podemos colaborar con el traslado de los materiales.

Recordá que tu obra tiene que estar construida con materiales que soporten los avatares del aire libre y del tránsito permanente de personas durante esos dos días. Por ello, requerimos de tu presencia durante el evento. Tené en cuenta, de todos modos, que habrá seguridad permanente, tanto durante los días como durante la noche.

¿Qué pasa si llueve? 
Si llueve, se suspende.

¿Habrá otro evento en simultáneo? 
Sí. Tanto el sábado como el domingo habrá espectáculos musicales.


Enviá tu proyecto con una descripción de la obra a emplazar, breve biografía del/de la artista o colectivo y bocetos o fotografías, al mail cultura@uns.edu.ar de la Subsecretaría de Cultura de la UNS (Marcela Sainz o Jorge Mux) Rondeau 29, teléfono 4531885.


Por consultas dirigirse a los Museos de Arte: MBA-MAC, Sarmiento 450, 
teléfono 4594006 (Cecilia Miconi o Carolina Montero).


La imagen es del proyecto Red Ball del artista Kurt Perschke

martes, 8 de noviembre de 2016

Arte mirando al sur: un relato a partir de la colección de los Museos de Arte de Bahía Blanca



Juliana López Pascual

Los Museos de Arte construyen, albergan y protegen una colección de obras (**) que es, simultáneamente, estatal, pública, histórica y fragmentaria. A partir de ella, de miradas y preguntas cambiantes, la institución organiza y abre anualmente una muestra patrimonial de entrada libre y gratuita. El interior de lo que se muestra -la exhibición del año 2016- puso el acento allí, en ese carácter complejo y múltiple, en el eje del tiempo y en su operatoria sobre el recorte, la selección y la valoración de aquello que se elige conservar y exponer. Es a partir de esta estrategia, de algunas de las obras disponibles y del diálogo interno que su montaje sugiere, pero también de la institución en la que se ubican, que busco pensar cuestiones que las atraviesan y las rodean, tratando de reflexionar en clave histórica. Algo que a mi criterio es central, entonces, es el pensar las artes –su producción, pero también su resignificación posterior- en un tiempo y un espacio específicos, concretos. 
El Museo como institución fue creado en los años 30 a partir de la movilización que llevaron adelante algunos sectores de la sociedad civil bahiense. Fue el primer museo local de dependencia municipal, estatal, y su armado fue de la mano de la creación del primer Salón de Arte, que se ha desarrollado de manera ininterrumpida hasta la actualidad, reconvertido desde hace algunos años en la Bienal de Arte de Bahía Blanca. Esta cuestión del nexo entre los privados y la institución fue uno de los elementos que dotó de uno de sus ejes a la colección y, en este sentido, no es casual que uno de los géneros que mayor presencia tiene en ella sea el paisaje.
De hecho, esto se evidencia en la curaduría de El interior de lo que se muestra, que tomó esta temática como uno de sus hilos conductores. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón para que la representación paisajística tenga tanta entidad en el patrimonio artístico oficial de la ciudad? A mi entender, una de las razones de ello fue la presencia de los Artistas del Sur como actores permanentes en el mundo de la cultura local durante el siglo XX. Su centralidad dio una de las características singulares a la conformación de la colección y, como veremos hacia el final de este texto, también ha cobrado presencia en la espacialidad de este museo. Como es sabido, Artistas del Sur fue fundada hacia fines de la década de 1930 -y pervive hasta hoy- a instancias de un grupo de artistas y gestores culturales liderados por Domingo Pronsato, un personaje local que resulta casi ineludible si queremos hablar del siglo XX en Bahía Blanca, tanto en su dimensión cultural como en lo político y lo económico. En efecto, Pronsato articulaba de manera particularmente notoria su producción pictórica, generalmente paisajística, con su interés por el desarrollo regional. 

"Arroyo San Bernardo", Domingo Pronsato.

Tanto desde su nombre como desde sus estatutos fundadores, los Artistas del Sur se instalaron en lo que sus gestores entendieron como la especificidad local: el sur, el nexo de Bahía Blanca con la (nor)Patagonia y la ubicación al sur de la provincia de Buenos Aires. Esta idea -Bahía Blanca como la “capital del sur”, que luego se transformó en “puerta y puerto del sur argentino”- es una noción que atravesó casi todos los proyectos políticos, sociales, culturales y económicos del siglo XX en la ciudad, y el arte la recuperó también. El paisaje sureño se convirtió en una poética, en una manifestación del deber ser del arte regional, una forma de singularizar la producción plástica bahiense a partir de intereses que, como en muchas otras ocasiones en la historia de los fenómenos estéticos, arraigaban en esferas extra-artísticas. Sobre algunas de estas cuestiones ya ha escrito Diana Ribas[*] hace algunos años: la pintura de paisajes en Bahía Blanca durante la primera mitad del siglo combinó la manufactura heredada del impresionismo francés con la temática que emergía de una ciudad inmersa en un proceso de transformación económica, social y política.
En términos concretos, la vinculación entre paisaje y representación regional fue dinámica, y esta muestra patrimonial se hizo eco de ello: el tema permanece, pero la forma, la realización fue cambiando en el tiempo y ello se hace particularmente evidente si ponemos en diálogo algunas de las obras de esta muestra. Óleos como el de Bruno Petracci (1940) o el de Lorenzo Padrón (1948) son buenos ejemplos de esta recuperación del impresionismo: una composición que prioriza la pincelada suelta y la paleta sobria, tenue y amable, que mantiene el principio mimético y la ilusión de tridimensionalidad espacial y que, desde el tema, enfatiza el anclaje en Bahía Blanca y el peso de la naturaleza. Bahía Blanca en el 40 pareciera ser poco más que un caserío, pequeño frente a la inmensidad del cielo y la extensión de la tierra, mientras que el Arroyo Napostá discurre ancho y tranquilo entre tamariscos y arbustos, casi indiferente a la presencia humana. La relación entre humanos y naturaleza oscila, en este sentido, entre lo sublime y lo pintoresco, entre lo que impacta y conmueve y lo que resulta ajenamente curioso.

"Bahía Blanca del 40", Bruno Petracci.


"Arroyo Napostá", Lorenzo Padrón.

Sin embargo, si observamos obras como las de Séptimo Ferrabone (1963) y Roberto Palau Guillot (1968), vemos que en unos pocos años algunas cosas cambiaron. En principio, y de manera más evidente, la composición desplaza el énfasis hacia la materia y la forma, resaltando lo expresivo y el color contrastante, y problematizando cada vez más la perspectiva. Mientras Ferrabone instala una fuerte tensión entre el punto de vista y el aplanamiento del espacio, Palau borronea la profundidad espacial hasta hacerla casi irreconocible. A primera vista el tema parecería casi anecdótico, una excusa para el juego y la experimentación formal, si no fuera porque también nos devuelven a la ciudad y sus elementos “fundacionales”: la plaza Rivadavia –heredera de la Fortaleza Protectora Argentina erigida en 1828-  y la estación ferroviaria –símbolo y herramienta de la incorporación socioeconómica de la localidad en la Argentina moderna, a partir de 1881-. En última instancia, estas alusiones retoman la idea de la representación paisajística como una declaración del aquí y ahora.

"La estación", Séptimo Ferrabone.

"Plaza Rivadavia", Palau Guillot.
Este cambio formal y técnico que, si lo vinculamos con el posimpresionismo o los diversos expresionismos europeos, vemos producirse en otros escenarios entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, aquí se registró entre fines de los años ´50 y comienzos de los ´60 y fue parte de la dinámica general del mundo de la plástica bahiense. Desde esta perspectiva, es posible abrir otra línea de lectura de la muestra que, a mi criterio, también se vincula con el desarrollo institucional de este museo y con la conformación de la colección. Luego de la muerte de Saverio Caló –quien había dirigido el Museo desde 1940- a inicios de los años 60, Ubaldo Tognetti asumió la dirección y se mantuvo en esa función hasta su fallecimiento en 1968. Durante esos años, la colección incorporó, a través de los premios de los salones pero también por pedido de donación a los artistas visitantes, obras como las de César López Claro o Paulina Berlatzky, que no eran locales pero fueron convocados a exponer aquí.

"El pincullo", César López Claro.
"Sureña", Paulina Berlatzky.
Ambos lienzos muestran líneas de experimentación plástica, formal; es decir, una insistencia en el corrimiento de la práctica artística como representación mimética. Mientras López Claro opta por la racionalización de las figuras (lo que nos recuerda al cubismo casi tanto como su temática: el músico y los instrumentos musicales parecen aludir a Los músicos de S. Picasso, por ejemplo), Berlatzky juega con la materia en sí misma, con la capilaridad del canvas, con las veladuras, la opacidad y la dilución del esmalte sintético -industrial y destinado a la pintura de muros o maquinarias-, desligándose de la representación referencial. No casualmente, estas obras son de la misma época que los paisajes de Ferrabone y Palau Guillot y, también, contemporáneas de Ritmo en rojo y negro de Juan Carlos Miraglia y Pintura de Filoteo Di Renzo, en las que el énfasis en la cuestión material y el juego formal se observan tanto en la composición como en su título. Las referencias a los espacios singulares o a las figuras humanas, que quizás se insinuaban todavía en Berlatzky (Sureña) o en López Claro (El pincullo, que se trata de un instrumento musical andino, representado en una paleta de colores que nos recuerda a los tonos predominantes en los paisajes del noroeste argentino), desaparecen en estas últimas que parecen insistir así en la autorreferencialidad de la práctica artística.


"Ritmo rojo y negro", Juan Carlos Miraglia.

"Pintura", Filoteo di Renzo.

Una de las afirmaciones más frecuentes acerca de la obra abstracta o no figurativa es su declarada apoliticidad, es decir, la ausencia de manifestación de un compromiso político o ideológico. Sin embargo, y aquí lanzo la pregunta porque creo que es un interrogante a debatir, ¿fue apolítico rechazar la representación paisajística y despojar a la plástica local de sus referencias a lo regional? Esta operación, la de insistir en la pintura como pura materia –forma y color- sin nexos con este tiempo y este espacio, ¿no implica una discusión tácita con las prácticas artísticas más difundidas en Bahía Blanca a mediados del siglo XX? En mi opinión, la estrategia de la abstracción en Bahía Blanca –tomando como caso paradigmático la obra de Di Renzo, que bien podría observarse como un paisaje abstracto pero que él decide nominar “Pintura”- contiene un posicionamiento político que sólo se visibiliza cuando se restituye su producción y su circulación en el contexto local de mediados de siglo.
Otra variable que podríamos pensar –incluso a partir de este último punto- es la del Museo, este museo, como espacio (físico) en permanente transformación. El edificio en el que la muestra transcurre tiene un pasado propio que a partir de un determinado momento se encadena a la historia de las artes visuales en Bahía Blanca. Como es sabido, la “María Luisa” fue una residencia privada de la familia Vitalini, construida durante las primeras décadas del siglo XX siguiendo una arquitectura de líneas modernistas. Su adquisición por parte del Estado municipal hacia fines del siglo XX posibilitó, luego de algunas derivas previas, el traslado y la visibilización del Museo Municipal de Bellas Artes –que había pasado buena parte de su existencia “enterrado” en los subsuelos del Palacio Municipal- y la apertura del primer Museo de Arte Contemporáneo del país en los años 90. Para dar lugar a todo ello, se diseñó una ampliación de las instalaciones que –nuevamente, mediante formas geométricas y espacios racionalizados, casi “asépticos”- hacía hincapié en la contemporaneidad, tanto de la institución como de la opción estética. Si volviéramos a recorrer la muestra con esta idea en mente, veríamos que este profundo cambio en aquello que el Estado entendía como obra de arte implicó también una transformación igualmente profunda en la composición de la colección patrimonial, ahora unificada, tanto en sus temas como en sus formatos y “géneros”.
En algún punto del camino hasta hoy, hace ya algunos años, una gestión del museo decidió señalar y resaltar la variable histórica en la construcción de esta institución y visibilizarla en el espacio físico, mediante la nominalización de las salas de la “María Luisa”. De todo el espectro de figuras, eventos y motivos que podrían haberse elegido –mujeres, épocas, obras, por sólo pensar algunas otras categorías- se escogieron los nombres de Domingo Pronsato, Saverio Caló (segundo director del MMBA), Arnaldo Collina Zuntini (uno de los pilares históricos de Artistas del Sur, quien dirigió el MMBA desde 1968) y Ubaldo Monacelli (maestro de buena parte de esta generación de paisajistas de los años 40, en homenaje al cual fue nombrado también su Taller Libre). Las formas en las que esta decisión fue llevada adelante me son desconocidas, al igual que sus razones, pero sí es posible afirmar que la selección hace un claro énfasis en la vinculación con la entidad, con su historia y sus opciones estéticas. Este dato me da pie a abrir otro interrogante, que considero apropiado para seguir pensando el problema de la relación entre las artes, lo público, el Estado, y los relatos del pasado: ¿Cuántas historias cuenta este Museo? ¿Cuántas podría contar, aquí y ahora? ¿Cuántas podrá contar en el futuro?

El texto surge a partir de la charla abierta a cargo de Juliana López Pascual que organizamos como cierre de la muestra "El interior de lo que se muestra. Autorreferencialidad y posicionamientos en la colección de los Museos de Arte".

Juliana López Pascual es Doctora en Historia, becaria posdoctoral en CONICET y docente del área de Historia del Arte en la UNS. 


[*] Diana Ribas, “La pintura de paisajes en Bahía Blanca: algunas significaciones”, en IV Jornadas Estudios e Investigaciones. Imágenes-Palabras-Sonidos Prácticas y Reflexiones, Buenos Aires, Instituto de Teoría e Historia del Arte “Julio E. Payró”, FFyL, UBA, 2000.

sábado, 5 de noviembre de 2016

taller monstruoso


Sábado visitante: el Galpón Enciclopédico de Bella Vista

Cuando se asoma alegre el sol 
sobre los campos del talar,
junto a la vía 
van los linyeras

Foto por Julieta Ortiz
Una canción de Antonio Tormo sonando en el GalpónEnciclopédico fue la puerta de invitación a este taller itinerante. Como el linyera, con la casa a cuestas, nos  llevamos los monstruos que en papel fuimos creando en el Atelier Botánico.
Nos recibieron Gustavo, Reynaldo y Julieta con amabilidad y unas galletitas kourabiedes que fueron la sensación.
Los objetos que alguna vez fueron usados se combinan y juegan con un aura vibrante. El taller de niños que viene de los Museos de Arte, reacciona desaforadamente ante el permiso: ¡ahh!, ¿¡se puede tocar!?
Cada criatura fantástica que creamos tiene un don y una habilidad física: saltos enormes, velocidades olímpicas, desmesurados aleteos que duermen a varias personas a la vez. 
media de monstruo / Foto por Julieta Ortiz
La propuesta de los anfitriones fue que los niños imaginaran que largaban sus bestiales criaturas al Galpón. A partir de ahí se sucedieron muchos interrogantes:
¿Y si rompen? ¿Con qué objetos se vincularían para utilizarlo en un oficio, para retozar o para dormir? 

Foto por Julieta Ortiz
Foto por Julieta Ortiz
 La situación fue fácil para la “Chirta” (chica con cuerpo de torta) encontró rápidamente herramientas para embelesar su cuerpecillo de bizcochuelo: había palos de amasar de todas las épocas, cucharas, cacerolas y hasta máquinas de hacer manteca. El Cangutigre (excelso marsupial que iba acompañado del Cangutigrecito), el Ga-llo, el Perractus, el Tiervo, el Cabanejo y el Pajaleonpardo, también encontraron su lugar en el mundo, que para ese entonces fue el galpón, porque el galpón es un mundo.
Algunos monstruos se vieron más proclives al trabajo: palas, máquinas con manivelas; otros se vincularon con el ocio: un sillón como nido confortable para toda siesta bestial. 
Foto por Julieta Ortiz / ¡Gracias por todo!
Algo sumamente interesante de la visita fue que en el desarrollo de este año, nuestros monstruos  eran un cúmulo de cualidades. Al entrar al galpón cada niño con su bestia se encontraba con cartelas en infinitivo que nos invitaban a mover a nuestros monstruos, pensarlos en situación, que se sacudieran el pelaje, que activaran su corporeidad.
 Merienda que va, merienda que viene, se nos pasó la tarde entre infinitivos amigos: pasear, disfrutar, conocer y jugar. Lo más sabroso es la pregunta que nos queda latente: Si una bestia puede ir a un Galpón que es una enciclopedia, un galpón enciclopédico, ¿puede ir a las bestias?


Sábado local: Adentro del Museo pero en la pared exterior
El sábado siguiente trabajamos en los Museos pero en un proyecto poco convencional para el taller. Nos animamos a pintar la pared exterior del MAC. Con un escudo de criaturas y un pastito de cuentos, plasmamos en el muro una invitación al visitante. La gente pasaba, nos sonreía, nos preguntaba.
El frío no hizo mella  y el mural quedó muy bien, entre hombritos que se disputaban el lugar y mates calientes de las mamás y papás que nos acompañaron.
Ese mismo día se acercó a conversarnos el artista Ramiro Ravasi, seleccionado para la Bienal. Con él esbozamos los últimos detalles para el encuentro siguiente: sería por un día parte de el atelier botánico y nosotros colaboraríamos con su obra.
A veces las educadoras del Museo nos ponemos a pensar que le quedó de “botánico” a nuestro taller, un proyecto que culminaría en noviembre con la impresión de pósters botánicos, tras un año trabajado en la flora local, el arte y otros aliños. Después miramos la pared de la sala taller en la que se fue trazando una especie de árbol, con nombres, cosas que aprendimos este año. Cada lugar que visitamos y cada persona que conocimos en un cartelito, una rama. Hay ramificaciones que se bifurcan y se enlazan una con otras, se alejan, se amigan, “se le burlan” un poco al tutor, porque seguramente buscan lo vital, como el sol y el agua en la naturaleza. Y entonces, sí. Caprichoso y guiado por un interés vívido y pleno, el taller es más botánico que nunca y además, fue buscando su propia forma. También es un verdadero monstruo híbrido, con sus retazos, su constitución propia.
El mural tuvo un código QR para que quien pasara por el Museo pudiera dirigirse a un sitio de este blog en donde contamos de qué se trata tanto monstruo junto. Otra rama.




Otro sábado local: el papel del papel y la Bienal
Ramiro fue nuestro invitado el sábado siguiente o quizás nosotros fuimos sus invitados.

Pensamos, charlamos e indagamos sobre el papel y sus formas, todos los procesos que una simple hoja A4 podía pasar y de todos los que venía desde la semilla. Hablamos de métodos industriales y artesanales, imaginamos nuestra vida sin papel e incluso su rol en el arte y en los talleres.
El artista nos contó de su obra, del proyecto seleccionado y nos invitó a armar nuestros germinadores con porotos. Fue una hermosa jornada compartida y una felicidad poder adentrarnos en la bienal de arte venidera.





¡Gracias Ramiro por tu generosidad!















Sábado visitante: otro taller, tapas del bestiario y amigos
foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier
En el vientre de la vieja Usina del Ferrowhite Museo Taller, se encuentra Prende!, un taller serigráfico de niños muy creativos, que además vienen trabajando con animales, como nosotros.
Allí habíamos concertado cita con Silvia, quien coordina el espacio con Malena, porque el bestiario va tomando forma y el dibujo de tapa sería impreso en el Prende!
foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier / dulces caseros con naranjas del patio del MbaMac
El Ferrowhite nos preparó un sábado de encuentro genial y con muchas actividades: un desayuno riquísimo, impresión de tapas andamiada por los niños del taller, recorrido por el Museo. Además, Daniel Porte, el guardaparque, nos llevó a mirar el entorno del Museo, que no es ni nada más ni nada menos que donde viven los cangrejos, y allá, más allá, la isla donde se aparea la gaviota cangrejera, desde donde viene a buscar alimento para sus crías.


foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier / ¡Así quedaron nuestras tapas!

Los papás y mamás del  Prende! nos regalaron un momento más que especial y necesario para recuperar energías y calorcito corporal: unos choripanes riquísimos al viento de la rambla de Arrieta. Nuestros monstruos tienen ahora la tapa de su bestiario y lo que más se puede pedir en la vida: panza llena y corazón contento.

foto de Ferrowhite / ¡Gracias Daniel Porte!

foto de Ferrowhite / las mamás y papás de Ferrowhite, y los mejores asadores quepuede haber  - Noemí y Ariel - , nos agasajan de este modo ¡Viva!


Sábado local: psicología de un monstruo que ha paseado mucho
Los lugares, las visitas; nos modifican. Bienalizados por completo, pensamos en todo lo que ya sabemos, inferimos o podemos imaginar de nuestras creaciones. Hay preguntas que tenemos que hacernos y una es el rugido o vociferación que hacen los monstruos. Pensamos en grabar todas esas onomatopeyas hermosas que tienen que ver con las bestias pero también con ponerse en silencio y crear un sonido cacofónico que el animal va a sacar de sus entrañas.
Los meditamos  y los grabamos. La circunstancia de estar en otro taller en Ferrowhite nos había hecho pensar que los animales whitenses del Prende! convivían con un sonido de fondo persistente: el viento del mar. Si las personas que habitamos climas diversos tenemos distinto carácter de por sí, los monstruos no pueden ser la excepción.
Sonidos del hábitat, onomatopeyas. Sería momento de conocer otro proyecto hermoso que nos comprende.

Sonosábado de patio
El invitado vino a los Museos. Nos tocaba salida pero la Sonoteca es un enorme mapa, y es todo Bahía. ¿Dónde ir? Al patio, a  encontrarnos con nuestros propios sonidos.
Fermín es parte de un proyecto hermoso que es la Sonoteca. Ni bien se adentró en nuestra sala taller nos contó algo increíble: en todos los barrios que vivió cuando chico, un momento del día que podía diferenciar claramente. Es ese fragmento diurno en que uno cree que ni el aleteo de las moscas se escucha: la siesta.
Resulta que para él ese momento en Palihue no sonaba igual que en Bella Vista. Con ese relato, la visita de Fermín nos auguraba afinar muy bien la percepción y el oído, nuestra y de las bestias.
Salimos al patio, que está atravesado por la obra Casa Intermitente.
Nuestro invitado trajo una tecnología que nos sorprendió, lo que nos permitiría ampliar la sonoridad. Fue Nina la que primero se puso los auriculares. Dobló las rodillas en un sobresalto, movió los brazos, es como estar en la selva. Uno a uno nos los pasamos y fue un mundo nuevo de apertura a los sentidos: el viento, el recorrido parsimonioso de las ramas en la intemperie, los pájaros, los movimientos de los obreros de la casa lindera en donde demolieron y ahora edifican raudamente, nuestros susurros… Podemos decir que este sábado también salimos afuera de los Museos.
Llegaron los papás y las mamás; también se sumaron a la experiencia sensorial.
Nos metimos en Casa Intermitente. Conocer el sonido de una edificación luciérnaga que habita el patio de un Museo también es leer la obra en la intimidad que merece. Otro sonido, nylon que se desgajó con el viento bahiense y frica sutilmente en el techo. Pisar pallets de forma mesurada  y de manera brusca. Agitar la obra-red que pende en su corazón aunque no sea correcto.


Nuestro taller es un monstruo porque conocemos de muy distintas maneras y con materias primas híbridas. Nuestro taller es un monstruo porque visitamos y nos visita gente maravillosa con ideas y proyectos de los que todos deberían estar al tanto; nosotros  tenemos el privilegio y el gusto de conocer su vocación e inventiva. Nosotros somos monstruos.
Monstruos. Y así aullamos:  http://sonotecabahiablanca.com/mapa/